La mirada del Jasidismo
En Simjat Torá termina la lectura de la Torá con las palabras del libro Devarim: "Nunca más surgió en Israel un profeta como Moisés, a quien Di-s conoció cara a cara... por toda la mano fuerte y el poder imponente que Moisés desplegó ante los ojos de todo Israel". Momentos después, comenzamos la Torá de nuevo con su conocida frase inicial: "En el principio, Di-s creó los cielos y la tierra". Existe un principio expresado en la antigua obra cabalística "Sefer Ietzirá": "El final está superpuesto en el principio, y el principio está superpuesto en el final". Sin embargo, ¿cuál es la conexión entre el final de la Torá y su comienzo? Rashi explica que el acto extraordinario que Moisés realizó "ante los ojos de todo Israel" -por el cual recibió tal aprobación Divina- fue la ruptura de las Tablas. Cuando Moisés bajó del Monte Sinaí y vio al pueblo judío adorando al becerro de oro, rompió las Tablas. Según los Sabios, Moisés no actuó por ira. Romper las Tablas fue un acto de amor. Las Tablas representan la alianza entre Di-s y el pueblo judío. Al destruir el "contrato matrimonial" antes de que hubiera sido entregado, Moisés evitó que el pecado del pueblo constituyera el acto supremo de traición. Esto los salvó de la destrucción total. No obstante, romper las Tablas fue un acto destructivo. ¿Cómo puede la Torá concluir alabando una destrucción y enseguida pasar a la historia de la Creación? La respuesta es que la creación misma requirió una especie de destrucción. El gran cabalista Rabí Itzjak Luria, el Arizal, explica que antes de la Creación, la presencia Divina llenaba toda la existencia. No había un "espacio" aparente para que un mundo finito existiera de manera independiente. Para que la creación fuera posible, Di-s ocultó Su revelación infinita y creó un vacío conceptual en el que podía entrar una "línea" medida de luz Divina. A través de este proceso, surgieron todos los mundos espirituales y físicos. Este proceso se conoce como tzimtzum: Contracción u ocultamiento.