¿Qué nos hace ser quienes somos?
¿Por qué dos personas pueden crecer en entornos notablemente similares y, sin embargo, convertirse en individuos totalmente diferentes? Una puede ser aventurera y espontánea, mientras que la otra anhela rutina y seguridad. Una confía fácilmente en los demás y se adapta a ellos, mientras que otra aborda las relaciones con mucha cautela. ¿Qué nos hace ser quienes somos? Los psicólogos llevan mucho tiempo tratando de responder a esta pregunta. Un marco teórico influyente, conocido como la teoría de los "los cinco grandes" de la personalidad, identifica cinco rasgos principales que ayudan a moldear la personalidad humana: Extroversión, apertura a la experiencia, responsabilidad, amabilidad y neuroticismo. Estos rasgos influyen en todo: Desde la facilidad con la que socializamos hasta cómo respondemos a la ansiedad, cómo gestionamos las relaciones y cómo afrontamos las responsabilidades. Pero, ¿de dónde provienen estas diferencias? ¿Qué parte de la personalidad se debe a la genética y qué parte a la crianza?
Los investigadores han recurrido cada vez más a la genética en busca de respuestas. Un estudio reciente del grupo "Revived Genomics of Personality" obtuvo muestras de ADN de 1.200 participantes, quienes también llenaron cuestionarios para medir los cinco grandes rasgos de la personalidad. Los investigadores hallaron grupos de genes asociados a ciertas características de la personalidad. Sin embargo, los resultados también revelaron la complejidad de la relación entre los genes y la personalidad. No existe un único "gen de la extroversión" o "gen de la ansiedad". Más bien, nuestros genes pueden generar ciertas predisposiciones que influyen en las decisiones que tomamos. Esas decisiones, a su vez, moldean nuestros entornos. Por ejemplo, una persona inclinada hacia la extroversión y la apertura a nuevas experiencias podría tener más probabilidades de mudarse a una gran ciudad. Esa decisión genera nuevas oportunidades para establecer amistades, desarrollar una carrera y vivir experiencias, además de conllevar riesgos y beneficios específicos para la salud. Alguien con una mayor tendencia a la ansiedad podría acudir al médico con más frecuencia por preocupaciones, lo que derivaría en pruebas adicionales y una mayor interacción con el sistema sanitario. En otras palabras, nuestras disposiciones innatas influyen en los caminos hacia los que nos sentimos atraídos, y esos caminos crean nuevas posibilidades y experiencias. La personalidad se forma mediante una interacción continua entre lo que recibimos y lo que hacemos con ello.
En Simjat Torá, celebramos la conclusión del ciclo anual de lectura de la Torá y comenzamos de nuevo inmediatamente. Nuestros sabios comparan al pueblo judío con las letras de la Torá: Las 600.000 letras de la Torá se conectan a las 600.000 almas de Israel. Así como un rollo de la Torá no puede estar completo si falta aunque sea una sola letra, el pueblo judío no puede estar completo sin cada individuo.
La Torá misma puede entenderse como el "código genético" espiritual de nuestro pueblo. Todos compartimos la misma Torá, pero cada uno de nosotros se relaciona con ella de manera diferente. Nacemos con distinto temperamento, habilidad, inclinación y disposición. Una persona se siente naturalmente atraída por la bondad; otra, por el estudio; otra, por el liderazgo, la creatividad, la disciplina o el valor. No fuimos creados para ser idénticos los unos a los otros. Cada uno de nosotros ha sido creado como un individuo único porque todas nuestras perspectivas particulares son necesarias. Cuando tomamos conciencia de nuestras diferencias, la pregunta no es: "¿Por qué esa persona no puede ser más como yo?". Más bien, debemos preguntarnos: "¿Qué se me pide a mí que nadie más puede aportar? ¿Qué necesita el mundo de mí, con mis necesidades, deseos y desafíos específicos?". Cuando cada uno de nosotros aporta su letra única, juntos creamos algo que ninguno podría crear por sí solo: Una Torá completa y un pueblo judío completo.